Cuando la ausencia de entrenamiento conduce al maltrato

Bien dicen “un perro educado, donde sea es bien recibido”

Seguramente hemos escuchado a un papá o mamá decirle a su hijo en voz baja  “mira ese niño de ahí… ¿ya viste qué bien portado es? Por eso a él si le van a dar helado y a ti no, por grosero.” Con sus debidas distancias, al igual que en los humanos, en los perros una educación adecuada es indispensable.

Si bien los perros no tienen el concepto de bueno y malo, es precisamente a los humanos a quienes nos toca indicarles si las conductas que expresan son deseables o no cuando conviven con una familia humana. Si nos gustó lo que hizo lo premiaremos para alentarlo a que lo vuelva a hacer, si reprobamos lo que hizo, lo ignoraremos totalmente y el perro, al ver que no tiene una repercusión positiva su acto, dejará de hacerlo.

Uno de los primeros pasos hacia el maltrato en los perros es exactamente que el perro carezca de lo que se suele llamar educación básica ó el entrenamiento adecuado.

El patrón tristemente repetido es más o menos el siguiente:

  1. Llega un nuevo cachorrito al hogar y al no tener el tiempo y la paciencia de enseñarlo a ir al baño en un sitio adecuado y después de encontrarse continuamente “regalitos” por toda la casa, se decide que el perro viva afuera, con todo lo que ello implica cuando no se tienen acondicionadas las áreas exteriores.
  2. No tener la precaución de enseñarle lo básico (quieto, sentado, etc) al abrir la puerta para que entre a la casa, el cachorro con energía desbordada, entra desatado, rompe dos jarrones y se sube al sillón con las patas mojadas y con lodo. Se decide que no vuelva a entrar a la casa.
  3. Después de haber estado confinado durante 6 días es decir 144 horas a un patio, el domingo tienen a bien llevarlo al parque. Al no haberle enseñado cosas básicas como no te jales, camina junto, no le brinques a las personas y como es natural, después de haber pasado 3456 minutos encerrado, el perro sale como caballo desbocado y prácticamente te disloca el hombro, ensucia a tres señoras, tira a un niño y se pelea con los perros de los vecinos. Se decide que el perro no sale más y de castigo se va a la azotea si bien le va, amarrado ó a un horrible traspatio.

El desenlace es más que obvio, se creó un círculo vicioso en el que, el de menos culpa fue el perro. Termina viviendo en el mejor caso en una “casita” de plástico con un plato de agua verde, tibia, asoleada y llena de babas y otro plato de croquetas de mala calidad y rancias por qué obvio, como no es mi perro, no es mi responsabilidad y ésta semana le tocaba a “Chuchito” subirle de comer, pues no come, y si bien le va, un día a la semana se limpiará esa nueva prisión donde le esperan aún 8 o 10 años de confinación, soledad, aburrimiento y dolor.

Pues si bien no en todos los casos sucede, tristemente la falta de entrenamiento en un perro en muchas ocasiones es el primer paso y el ultimo hacia el maltrato, la crueldad y la reproducción de violencia. La falta de interés hacia algo que creemos o damos por sentado y que viene implícito en todo perro, es el primer empujón que le damos hacia una vida de soledad y abandono.

¿Y tú? el día de hoy, (hablando del día de hoy) no el acumulado de la semana, ¿Cuánto tiempo le has dedicado al entrenamiento de tu perro o al menos a jugar con él?

Soy Arturo Cruz y te recuerdo que se puede vivir sin un perro o sin un gato pero no vale la pena.

Arturo Cruz

 

En colaboración para Defensoría Animal